Cambios para el cambio climático: Por qué los responsables políticos deben adoptar los conocimientos conductuales
Publicado: 24 April 2026
Datos: una figura
Europa vivió su año más caluroso hasta la fecha en 2024 y es el continente que se calienta más rápido, con alrededor del doble de la media global (ECMWF, 2026). Como resultado, las inundaciones repentinas y las olas de calor extremas son solo algunos de los efectos que muchos europeos han sufrido en los últimos años (Agencia Europea de Medio Ambiente y Eurofound, 2026). Así, la Unión Europea se ha comprometido a mitigar estos efectos, yendo más allá de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y orientándose a la adaptación por parte de toda la economía. Lograr la neutralidad climática en Europa requiere transformaciones en las industrias, los procesos productivos y los patrones de consumo. Estos cambios a nivel sistémico no pueden producirse sin el apoyo y la aceptación pública, lo que se traducirá en cambios de comportamiento colectivos e individuales.
Por tanto, es esencial entender cómo las personas toman decisiones y responden a las políticas. Las ideas de la ciencia del comportamiento —el estudio multidisciplinar de la acción humana que combina psicología, economía conductual, sociología y antropología— proporcionan herramientas valiosas para comprender e influir en la toma de decisiones humanas. Sin embargo, su traducción a la política en toda la UE sigue rezagada (Eurofound, próximamente). Este artículo explora por qué los conocimientos conductuales deberían integrarse en la elaboración de políticas y cómo pueden contribuir a estrategias más eficaces e inclusivas socialmente.
Las políticas suelen asumir que la toma de decisiones de los individuos se basa en evaluaciones racionales, como sopesar costes y beneficios, procesar la información disponible y actuar en su propio interés. Sin embargo, décadas de investigación en ciencias del comportamiento han demostrado que la toma de decisiones humana está moldeada por muchos factores psicológicos, sociales y contextuales. En lugar de racionalidad, los individuos suelen actuar basándose en hábitos, normas sociales y heurísticas. Las heurísticas son reglas intuitivas de juicio y toma de decisiones que dependen de información mínima y recursos cognitivos (Gigerenzer y Todd, 1999; Kahneman, 2011). Factores como la forma en que se enmarcan las elecciones, las opciones predeterminadas disponibles, la relevancia de información particular y la influencia del contexto social moldean el comportamiento de formas que los modelos de políticas estándar suelen pasar por alto (Thaler y Sunstein, 2008; Dolan et al., 2012).
Como resultado, las políticas diseñadas sin considerar el elemento conductual pueden no lograr los resultados deseados. Un ejemplo del otro lado del Atlántico ilustra bien el problema: el Programa de Reembolso de Electrodomésticos Eficientes en Energía de EE. UU. se diseñó bajo la suposición de que los incentivos financieros orientarían a los consumidores hacia modelos de electrodomésticos más eficientes. Sin embargo, una evaluación de Houde y Aldy (2017) encontró que alrededor del 70% de los solicitantes de reembolso habrían hecho la misma compra de todos modos; un 15 a 20% adicional simplemente cambió el momento de compra; y muchos utilizaron la subvención para actualizar a aparatos más grandes, de mayor calidad pero menos eficientes energéticamente, lo contrario a la intención del programa.
La política climática requiere reflexión y reflexión sobre cómo las personas llevan a cabo su vida diaria: cómo deciden calentar sus hogares, desplazarse al trabajo, viajar a sus destinos vacacionales y estructurar su dieta. Estas decisiones cotidianas no se basan únicamente en la toma de decisiones racionales, sino que incorporan aspectos conductuales como hábitos, relevancia, normas sociales y sesgos.
Por ejemplo, el sesgo actual —la tendencia a favorecer de forma desproporcionada las recompensas inmediatas frente a los futuros— puede hacer que los costes iniciales de la modernización energética o la adopción de vehículos eléctricos parezcan desproporcionadamente altos en relación con los ahorros a largo plazo. El sesgo del statu quo —la tendencia a preferir que las cosas no cambien— puede ayudar a explicar por qué las tasas de adopción varían entre tecnologías verdes: instalar paneles solares no requiere cambios en las rutinas diarias, mientras que cambiar a un vehículo eléctrico implica cambios en el comportamiento de conducción y de repostaje.
Además, los impactos de las acciones climáticas individuales suelen estar separados de las acciones en sí por una distancia temporal y espacial significativa, lo que reduce la urgencia percibida de un comportamiento proambiental. Además, las personas pueden subestimar sistemáticamente la disposición de los demás a actuar —un fenómeno conocido como 'ignorancia pluralista'— que desincentiva el esfuerzo individual fomentando la falsa creencia de que 'nadie más hace nada', seguido a menudo de un '¿por qué debería hacerlo yo?'.
El desafío se agrava por las realidades económicas. La evidencia muestra consistentemente que las personas tienen más probabilidades de adoptar comportamientos de bajo coste con un impacto ambiental correspondientemente bajo que en acciones de alto coste (como la rehabilitación del hogar o cambios en la dieta) que supondrían las mayores reducciones de emisiones. Los costes son, de hecho, una consideración principal para la mayoría de los hogares, una tendencia agravada por una sucesión de recientes choques, incluyendo la pandemia de COVID-19, la invasión rusa de Ucrania y la consiguiente crisis energética, y, más recientemente, la operación militar entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha hecho dispararse los precios del petróleo. El estrés financiero también puede imponer un 'impuesto al ancho de banda', consumiendo recursos mentales y dejando a las personas sin capacidad cognitiva para planificar a largo plazo la eficiencia energética o la sostenibilidad.
Teniendo todo esto en cuenta, está claro cómo comprender estos aspectos del comportamiento humano y los mecanismos psicológicos asociados ayuda a los gobiernos a abordar mejor la complejidad y multidimensionalidad de la política sobre el cambio climático. Además, los conocimientos conductuales proporcionan una serie de instrumentos políticos adicionales que complementan las herramientas regulatorias y económicas.
Las ideas conductuales en políticas públicas suelen ser malinterpretadas como consistiendo únicamente en empujones. Los nudges, a su vez, pueden definirse como ajustes sutiles en la arquitectura de elecciones (la forma en que se presentan las elecciones a las personas) que orientan a las personas hacia mejores decisiones sin restringir las opciones. Los empujones forman parte del conjunto de herramientas y pueden ser efectivos. En Finlandia, los empujones dirigidos a personas mayores abordaron barreras específicas de movilidad como preocupaciones estacionales de seguridad, dificultades en la planificación de rutas y falta de confianza en los servicios digitales; Estos empujones fueron diseñados en cooperación con personas mayores. Las barreras que se abordaron habrían pasado completamente desapercibidas en las campañas de transporte público universal si no fuera por el trabajo realizado para comprenderlas desde un punto de vista conductual. En Luxemburgo, corregir las percepciones erróneas de los ciudadanos sobre cómo se comportaban realmente de manera sostenible sus vecinos llevó a reducciones medibles en el consumo de carne y a un aumento del apoyo a las regulaciones ecológicas.
Sin embargo, el verdadero potencial de los conocimientos conductuales va mucho más allá de las intervenciones a nivel individual. Un marco desarrollado por el Centro Conjunto de Investigación de la Comisión Europea identifica cinco niveles en los que la ciencia conductual puede informar la política (Dupoux et al., 2025): desde la creación de intervenciones conductuales dirigidas diseñadas para influir en las decisiones individuales, pasando por el diseño de políticas individuales y la coordinación de combinaciones de políticas complementarias, hasta la mejora de la coherencia entre diferentes áreas políticas y, en su mayor ambición, contribuyendo al cambio sistémico mediante el rediseño de lo social, entorno físico e institucional en el que se toman decisiones. Los ejemplos de la Figura 1 responden a la premisa central del marco: que el potencial completo de los conocimientos conductuales para la política sigue siendo en gran medida sin explotar, y que esto es especialmente relevante para las políticas que apoyan la transición verde y justa (Eurofound, próximamente).
Marco de cinco niveles para la aplicación de conocimientos conductuales y ejemplos de políticas correspondientes
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Behavioural
intervention |
Single policy
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Policy mix
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Policy
interconnection |
System
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Influence individual behaviours and improve the communication of existing policies |
Ground policy choice and guide policy design |
Complement traditional policies and leverage synergies across policy tools in a specific area |
Enhance policy coherence across different policy areas |
Achieve a better-functioning, more cohesive system |
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Source: Authors
El Plan Climático Neerlandés 2025–2035 ilustra cómo sería la aplicación de los conocimientos conductuales en su forma más eficaz. El plan diagnostica explícitamente la brecha entre intención y acción, reconociendo que, aunque el 80% de la población holandesa cree que la acción climática es necesaria, solo el 55% está adaptando actualmente su vida diaria. En lugar de tratar esto como un problema de comunicación, el plan integra la justicia como principio de diseño, integra el concepto de ancho de banda mental en el diseño de subvenciones, utiliza la justicia procesal a través de una Asamblea Ciudadana y exige que el gobierno lidere con el ejemplo para validar las normas sociales emergentes. Representa un enfoque fundamentalmente diferente: no persuadir a los individuos para que tomen mejores decisiones dentro de los sistemas existentes, sino remodelar esos sistemas para que las decisiones sostenibles se conviertan en la acción predeterminada fácil, lógica y justa.
Los otros ejemplos listados en la Figura 1 provienen de un próximo artículo de investigación de Eurofound que examina cómo se están aplicando los conocimientos conductuales a la política verde en toda la UE. Este documento profundiza en el panorama actual de las políticas públicas de comportamiento verde en toda la UE, evaluando dónde existe capacidad, dónde está emergiendo y dónde sigue ausente (Eurofound, próximamente).
La evidencia revisada por Eurofound señala tres prioridades interconectadas para los responsables políticos que buscan diseñar políticas públicas de comportamiento verde efectivas.
1. Garantizar que las políticas climáticas reflejen la naturaleza multidisciplinar del asunto
Las dimensiones conductuales del cambio climático son diversas. Los valores, la identidad social, la ideología política, la percepción del riesgo, las respuestas emocionales, las preocupaciones económicas, la confianza en las instituciones y las dinámicas a nivel comunitario interactúan para moldear cómo responden los individuos a las políticas climáticas. Ninguna lente disciplinaria puede captar esta complejidad. Una política pública conductual verde eficaz exige aportaciones de la psicología, la sociología y la antropología junto con la economía, combinando una revisión rigurosa de la evidencia con métodos que revelan las verdaderas barreras a las que se enfrentan los ciudadanos, en lugar de las que se suponen.
2. Integrar los conocimientos conductuales desde el principio del desarrollo de políticas
Los insights conductuales se tratan con demasiada frecuencia como una herramienta de comunicación, aplicada después de que una política haya sido diseñada para fomentar la adopción o explicar una regulación. Esto subestima lo que la ciencia del comportamiento puede ofrecer. Cuando se integran desde el principio, los conocimientos conductuales pueden moldear no solo cómo se comunica una política, sino también lo que contiene, a quién llega y cómo interactúan sus instrumentos. Las políticas basadas en la suposición de ciudadanos plenamente racionales e informados juzgarán sistemáticamente mal cómo responden las personas, produciendo intervenciones que parecen sólidas sobre el papel pero que en la práctica no rinden.
3. Centrarse en la inclusión y la equidad
Las percepciones de equidad emergen consistentemente como uno de los predictores más fuertes del apoyo público a las políticas climáticas (Bergquist et al., 2022; Dechezleprêtre et al., 2025). El apoyo se erosiona cuando se perciben políticas como que benefician de forma desproporcionada a los ricos o imponen costes a quienes menos pueden asumirlos. Los conocimientos conductuales son esenciales aquí, porque intervenciones mal diseñadas pueden convertirse en fuentes de inequidad. Las intervenciones basadas en una comprensión estrecha del riesgo ciudadano informado, alfabetizado digitalmente y con recursos cognitivos, perjudican sistemáticamente a los adultos mayores, hogares con bajos ingresos y comunidades en zonas rurales o periféricas. La evidencia también muestra que los ciudadanos que enfrentan un estrés financiero inmediato no pueden dedicar fácilmente capacidad cognitiva a un cambio conductual a largo plazo.
En resumen, las políticas informadas sobre el comportamiento ayudan a garantizar que las políticas climáticas no afecten de forma desproporcionada a los grupos vulnerables. Cuando se integran temprano en el proceso de diseño, los conocimientos conductuales pueden identificar las barreras ocultas (sobrecarga cognitiva, complejidad administrativa, normas sociales mal interpretadas) que hacen que las políticas bienintencionadas fracasen con quienes están diseñadas para apoyar.
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Eurofound (2026), Cambios para el cambio climático: Por qué los responsables políticos deben adoptar las ideas conductuales, artículo.
N.º de referencia
EF26010
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